El café arábica es una de las especies más valoradas por su calidad y sabor. Originario de Etiopía, representa el 60-70% de la producción mundial. Sus plantas crecen en altitudes altas y climas frescos, lo que favorece la complejidad de sus perfiles: sabores dulces, ácidos brillantes y notas frutales o florales. Es más delicado y sensible a enfermedades, pero su calidad lo convierte en la base del café de especialidad.